sábado, 28 de abril de 2007
El valor de la amistad
Es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se posee. La amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana, que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: Un amigo fiel dice el Eclesiástico, es poderoso protector, el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale como un amigo fiel, su precio es incalculable. El trato diario y la amistad con Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva, que aumenta la capacidad de tener amigos. La oración afina el alma y la hace especialmente apta para comprender a los demás, aumenta la generosidad, el optimismo, la cordialidad en la convivencia, la gratitud… virtudes que facilitan al cristiano el camino de la amistad. La amistad verdadera es desinteresada, pues más consiste en dar que en recibir; no busca el provecho propio, sino el del amigo. El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos. Para que haya verdadera amistad es necesario que exista correspondencia, es preciso que el afecto y la benevolencia sean mutuos, si es verdadera, la amistad tiende siempre a hacerse más fuerte: no se deja corromper por la envidia, no se enfría por las sospechas, crece en la dificultad. Entonces se comparten con naturalidad las alegrías y las penas. La amistad es un bien humano y, a su vez, ocasión para desarrollar muchas virtudes humanas, porque crea una armonía de sentimientos y gustos que prescinde del amor de los sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación del amigo al amigo: "Creemos - enseñaba Pablo VI - que los encuentros dan ocasión a almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que se llama amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía, la solidaridad y; especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios. El buen amigo no abandona en las dificultades, no traiciona; nunca habla mal del amigo, ni permite que, ausente sea criticado, porque sale en su defensa. Amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar con el ejemplo. Es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se posee. Nuestro más alto valor, sin comparación posible, es el haber encontrado a Cristo. No tendríamos verdadera amistad si no comunicáramos el inmenso don de nuestra fe cristiana. La amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia: ayuda que debemos implorar al Señor con oración y mortificación. El Señor desea que tengamos muchos amigos porque es infinito su amor por los hombres y nuestra amistad es un instrumento para llegar a ellos. ¡Cuántas personas con las que cada día nos relacionamos están esperando, aún sin saberlo, que les llegue la luz de Cristo! ¡Qué alegría la nuestra cada vez que un amigo nuestro se hace amigo del Amigo! Como amigos podemos sentir empatía y solidarizarnos especialmente con el sufrimiento de quienes queremos de verdad. Los verdaderos y auténticos amigos tienen la capacidad de entender y compartir los problemas, los sentimientos, las alegrías, en fin, las emociones en sí mismas, pero sin hacer juicios. Cualquier alegría es mucho más grande, cuando se comparte con alguien; cualquier tristeza es más llevadera cuando se puede descargar en un amigo o una amiga. Algunos valores relacionados con la amistad son: Coherencia: se debe mostrar una personalidad única, con todas las personas y en todos los ambientes, porque nada es más discordante que descubrir distintas formas de ser en una persona, esto afecta la comunicación, provoca desconfianza y muestra falta de madurez, flexibilidad: la adaptación a los diferentes ambientes facilita la convivencia y la comunicación permite acrecentar nuestro círculo de amistades, lealtad, no hay riqueza más grande que un buen amigo seguro. Ser leal supone ser una persona de palabra, que responde con fidelidad a los compromisos que la amistad lleva consigo, agradecimiento: el agradecimiento fortalece nuestra amistad significativamente, no pensemos en objetos, devolver el favor con la misma proporción o cualquier cosa, entre los amigos solo basta con dar las gracias sinceramente como reconocimiento a la ayuda que hemos recibido. Conservemos una buena amistad ya que ésta vale más que el oro.
sábado, 21 de abril de 2007
Roberto Clemente: un astro del béisbol
El béisbol es uno de mis deportes favoritos y aunque no vi jugar a Roberto Clemente, de acuerdo a sus estadísticas se sabe que fue uno de los mejores jugadores del mundo. Nacido en el Barrio San Antón en Carolina, Puerto Rico el 18 de agosto 1934, Roberto Clemente era el más joven de cuatro hijos. A temprana edad sobresalía en la pista de carrera, ganando medallas en tiro de jabalina y carreras de corta distancia. No obstante, el verdadero amor de Roberto era el béisbol. En 1952 Roberto Clemente comenzó a jugar en los Cangrejeros de Santurce de la Liga local puertorriqueña y, convertido en la principal estrella del deporte en su país, varios de los mejores equipos norteamericanos (los Bravos y los Dodgers, entre otros) pretendieron ficharle. Finalmente y por cuatro mil dólares recaló en los Piratas de Pittsburgh (1954), equipo en el que llegó a ser una de sus mayores leyendas y pieza fundamental de los triunfos logrados a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, que incluyeron cinco títulos de la Liga Nacional y las Series Mundiales de 1960. En 1954, los Piratas de Pittsburgh lo reclutaron, alejándolo de los Dodgers. Clemente se unió a los Piratas en 1955, donde jugó durante su carrera entera de 18 años. Roberto jugó en dos Series Mundiales, bateando .310 en 1960 y .414 en 1971. Fue Campeón de Bateo de la Liga Nacional cuatro veces, le fueron otorgados 12 Guantes de Oro, fue seleccionado como el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1966 y Jugador Más Valioso en la Serie Mundial del 1971. En el campeonato de 1958, Roberto Clemente consiguió la proeza de eliminar a veintidós corredores rivales. En 1966 fue elegido "jugador más valioso" de la Liga Nacional. En 1971 condujo a los Piratas al triunfo en sus segundas Series Mundiales, finales en las que Clemente fue la estrella indiscutible con sendas carreras en el sexto y séptimo juegos y un portentoso promedio de bateo de .414 que le valió el título de "jugador más valioso" de la final. El 30 de septiembre de 1972, Roberto Clemente bateó un doble para obtener su imparable número 3,000 de Grandes Ligas, colocándolo en un grupo elite de grandes del béisbol. Nadie lo sabía en ese momento, pero ese doble sería el último imparable de la temporada regular para Roberto Clemente. En la víspera del Año Nuevo, Roberto y cuatro personas más salieron en un avión para repartir provisiones en Nicaragua, que había sido azotada por un terremoto. Poco después del despegue, el avión explotó y choco contra el Océano Atlántico. No hubo sobrevivientes. La muerte de Clemente estremeció al mundo. La Asociación Americana de Cronistas de Béisbol (BWAA, por sus siglas en inglés) organizó una elección especial y prescindieron del periodo de cinco años para el Salón de la Fama. El 6 de agosto de 1973, Clemente, quien tenía un average de por vida de .317 con 240 jonrones y 1, 305 impulsadas fue iniciado póstumamente al Salón de la Fama de Cooperstown. Se convirtió en el primer jugador Hispano en ser elegido al santuario. Hace casi 35 años de su muerte prematura y todavía, hoy, Roberto es recordado como uno de los mejores atletas y humanitarios de todos los tiempos. Uno de los sueños de Roberto Clemente, La Ciudad Deportiva Roberto Clemente, es parte del legado que nos dejó. Visitantes a Carolina, Puerto Rico son bienvenidos por una estatua de doce pies cuando entran al complejo deportivo de 304 acres. La herencia de Roberto Clemente es perpetuada por su esposa, Vera, y sus hijos Roberto Jr., Luis Roberto, y Roberto Enrique, quienes han sido instrumentales en continuar el sueño de Roberto. Roberto Clemente jugó el juego de béisbol con una gran pasión que solo podía ser igualada por sus compromisos implacables en hacer una diferencia en las vidas de esos en necesidad. Las personas lo vieron como un gran pelotero y humanitario. Durante trece temporadas superó el promedio de .300; participó en el partido de Estrellas en catorce ocasiones, doce de ellas de forma consecutiva, y en otras doce ganó el prestigioso Guante de Oro. Todo ello a pesar de los problemas de espalda que le ocasionó un accidente de automóvil y que mermaron notablemente su condición física. En el 1973, tras la muerte trágica de Roberto Clemente, se estableció otorgar un premio al pelotero que emule las hazañas y el comportamiento de aquél hombre cuyo espíritu y buena voluntad siempre será recordado. El premio reconoce a esos individuos quienes verdaderamente entienden el valor de ayudar a los demás. Un panel de dignatarios del béisbol, incluyendo a Vera Clemente y el Comisionado Allan H. (Bud) Selig, anualmente seleccionan un ganador de entre los 30 nominados, uno de cada equipo de Grandes Ligas. Ganadores pasados incluyen a Al Leiter, Tony Gwynn, Sammy Sosa, Willie Mays, Lou Brock, Ozzie Smith, Cal Ripken, Jr. y Kirby Puckett. En el 2006 el premio fue otorgado a otro puertorriqueño, Carlos Delgado. Sin lugar a dudas, Roberto Clemente ha sido el mejor pelotero que ha producido Puerto Rico y unos de los mejores a nivel mundial, dentro y fuera del terreno de juego. Esto es un orgullo para nuestra Isla.
martes, 10 de abril de 2007
El valor de la evaluación del aprendizaje
Indudablemente el tema de la evaluación es hoy controvertido en su concepción socioeducativa, además es presencia y preocupación permanente en las acciones docentes de las escuelas y cada vez más lo es también de los gobiernos y de los sistemas educativos. La evaluación como tal tiene sus inicios en los procedimientos y conceptos de la evaluación del aprendizaje de principios del siglo XX, y a partir de los últimos 30 años se ha desarrollado como una disciplina social. Desde entonces se han desarrollado diversos modelos de evaluación del aprendizaje de los estudiantes. Para una mejor comprensión de la evolución conceptual se hace referencia a algunas de las definiciones más sobresalientes: En los diccionarios lexicológicos más actuales de la lengua castellana se encuentra que el verbo “evaluar” significa señalar el valor de una cosa; estimar, apreciar y calcular el valor de algo. Actualmente tiene una connotación educativa mucho más amplia” Estimar los conocimientos, las aptitudes y rendimiento de los alumnos”.
Centrando la atención en la evaluación de la enseñanza y el aprendizaje, una preocupación importante se ubica en la selección de las herramientas, las técnicas y los instrumentos más adecuados para llevar a cabo la tarea de evaluación en la etapa de la búsqueda de la información. Evaluamos para conocer, no evaluamos para calificar. La evaluación es una actividad natural mientras que la calificación es artificial y de mera conveniencia social, que solo por razones ideológicas, o de oportunidad burocrática o administrativa o por simple comodidad puede justificarse. Evaluamos en contextos naturales; examinamos en escenarios artificiales. El equilibrio entre extremos se puede conseguir convirtiendo el tiempo de clase en tiempos de aprendizaje, y a la evaluación en parte integrada en las tareas de aprendizaje. Evaluamos para conocer, con el fin fundamental de asegurar el progreso formativo de cuantos participan en el proceso educativo, principalmente de quienes aprenden y junto con ellos de quienes enseñan. En este procedimiento dialéctico, la evaluación se convierte en actividad continua de conocimiento. Queremos conocer y quienes con nosotros aprenden precisan conocer, necesitamos evaluar de forma educativa que es intención formativa. En esta dinámica la evaluación se convierte en actividad de aprendizaje estrechamente ligada a la práctica reflexiva y crítica actividad de la que todos salen beneficiados precisamente porque la evaluación es, debe ser, fuente de crecimiento e impulso para conocer.
Existen tres tipos de evaluación: evaluación diagnóstica, evaluación formativa y la evaluación sumativa. La evaluación diagnóstica se realiza por medio de una prueba que se le administra al estudiante al inicio del año escolar y se utiliza para auscultar sus conocimientos. La evaluación formativa se utiliza para medir su aprovechamiento académico y se lleva a cabo por medio de exámenes y técnicas de assessment. Evaluar formativa y continuamente es un modo de entender la enseñanza y el aprendizaje, no solo una forma de evaluar ni tan siquiera de desempeñar otras funciones meramente calificadoras o relacionadas con la evaluación. Ahí radica el saber y el saber hacer reflexivo del profesor que implica tomar las decisiones adecuadas en el momento oportuno en función de las necesidades del sujeto que aprende en virtud de los contextos en los que se da el aprendizaje., saber científico de especialidades y saber didáctico de decisión y de aplicación constituidos ambos de carácter propio y pertinente de la profesionalidad docente, constructiva y justa en la forma de actuar. Será un quehacer didáctico situado en un aula, trabajando con sujetos singulares, atención a la diversidad, referencia para la diversificación curricular con un contexto curricular de aula específico. Finalmente la evaluación sumativa se realiza posterior a la evaluación formativa.
De las pruebas que se utilizan para llevar a cabo la evaluación sumativa se encuentran las Pruebas Puertorriqueñas de Aprovechamiento Académico (PPAA), las cuales han sido tema de debate en los últimos días. Estas pruebas estandarizadas han sido criticadas a través de los años. Anteriormente se decía que las pruebas no se adaptaban a nuestros estudiantes ya que se redactaban fuera de Puerto Rico y la mayor parte del vocabulario que contenían no era pertinente para ellos. Actualmente, se discute sobre la validez de las mismas y se pone en duda si en realidad miden los estándares, las expectativas y las destrezas que se desarrollan en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Otro asunto que ha traído controversia sobre la administración de estas pruebas es el futuro de muchas escuelas en Puerto Rico. Si los estudiantes fracasan en las pruebas durante cinco años consecutivos se pierden fondos federales y se corre el riesgo que cierren escuelas.
Finalmente, la relevancia que han tomado estas pruebas ha logrado hacer cambios significativos en el Departamento de Educación. Las pruebas puertorriqueñas sustituyen la prueba de Habilidad General como uno de los requisitos para la otorgación de becas escolares y de igual forma se toma en consideración para otorgar viajes estudiantiles, entre otros beneficios.
Centrando la atención en la evaluación de la enseñanza y el aprendizaje, una preocupación importante se ubica en la selección de las herramientas, las técnicas y los instrumentos más adecuados para llevar a cabo la tarea de evaluación en la etapa de la búsqueda de la información. Evaluamos para conocer, no evaluamos para calificar. La evaluación es una actividad natural mientras que la calificación es artificial y de mera conveniencia social, que solo por razones ideológicas, o de oportunidad burocrática o administrativa o por simple comodidad puede justificarse. Evaluamos en contextos naturales; examinamos en escenarios artificiales. El equilibrio entre extremos se puede conseguir convirtiendo el tiempo de clase en tiempos de aprendizaje, y a la evaluación en parte integrada en las tareas de aprendizaje. Evaluamos para conocer, con el fin fundamental de asegurar el progreso formativo de cuantos participan en el proceso educativo, principalmente de quienes aprenden y junto con ellos de quienes enseñan. En este procedimiento dialéctico, la evaluación se convierte en actividad continua de conocimiento. Queremos conocer y quienes con nosotros aprenden precisan conocer, necesitamos evaluar de forma educativa que es intención formativa. En esta dinámica la evaluación se convierte en actividad de aprendizaje estrechamente ligada a la práctica reflexiva y crítica actividad de la que todos salen beneficiados precisamente porque la evaluación es, debe ser, fuente de crecimiento e impulso para conocer.
Existen tres tipos de evaluación: evaluación diagnóstica, evaluación formativa y la evaluación sumativa. La evaluación diagnóstica se realiza por medio de una prueba que se le administra al estudiante al inicio del año escolar y se utiliza para auscultar sus conocimientos. La evaluación formativa se utiliza para medir su aprovechamiento académico y se lleva a cabo por medio de exámenes y técnicas de assessment. Evaluar formativa y continuamente es un modo de entender la enseñanza y el aprendizaje, no solo una forma de evaluar ni tan siquiera de desempeñar otras funciones meramente calificadoras o relacionadas con la evaluación. Ahí radica el saber y el saber hacer reflexivo del profesor que implica tomar las decisiones adecuadas en el momento oportuno en función de las necesidades del sujeto que aprende en virtud de los contextos en los que se da el aprendizaje., saber científico de especialidades y saber didáctico de decisión y de aplicación constituidos ambos de carácter propio y pertinente de la profesionalidad docente, constructiva y justa en la forma de actuar. Será un quehacer didáctico situado en un aula, trabajando con sujetos singulares, atención a la diversidad, referencia para la diversificación curricular con un contexto curricular de aula específico. Finalmente la evaluación sumativa se realiza posterior a la evaluación formativa.
De las pruebas que se utilizan para llevar a cabo la evaluación sumativa se encuentran las Pruebas Puertorriqueñas de Aprovechamiento Académico (PPAA), las cuales han sido tema de debate en los últimos días. Estas pruebas estandarizadas han sido criticadas a través de los años. Anteriormente se decía que las pruebas no se adaptaban a nuestros estudiantes ya que se redactaban fuera de Puerto Rico y la mayor parte del vocabulario que contenían no era pertinente para ellos. Actualmente, se discute sobre la validez de las mismas y se pone en duda si en realidad miden los estándares, las expectativas y las destrezas que se desarrollan en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Otro asunto que ha traído controversia sobre la administración de estas pruebas es el futuro de muchas escuelas en Puerto Rico. Si los estudiantes fracasan en las pruebas durante cinco años consecutivos se pierden fondos federales y se corre el riesgo que cierren escuelas.
Finalmente, la relevancia que han tomado estas pruebas ha logrado hacer cambios significativos en el Departamento de Educación. Las pruebas puertorriqueñas sustituyen la prueba de Habilidad General como uno de los requisitos para la otorgación de becas escolares y de igual forma se toma en consideración para otorgar viajes estudiantiles, entre otros beneficios.
jueves, 5 de abril de 2007
Asertividad
Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad (o no asertividad) no asertivo (pasivo). Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos. Para Renny Yagosesky, Escritor y orientador de la conducta, la asertividad es una categoría compleja, vinculada con la alta autoestima, que puede apoderarse como parte de un proceso amplio de desarrollo emocional. La define como una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Plantea además, que la asertividad es necesaria y conveniente por los beneficios que genera. Existen tres estilos de asertividad: los comunicadores pasivos o no asertivos tienden a no defender sus límites personales, y entonces permiten que las personas agresivas les influencien hasta lo indebido o incluso que les dañen. Son también típicamente reticentes a arriesgarse tratando de influir sobre alguien. Las personas agresivas tienden a no respetar los límites personales de otros, y entonces se ven obligados a dañar a los otros mientras intentan influirles. Una persona se comunica asertivamente cuando no teme decir lo que piensa ni trata de influir en los otros, sino que lo hace de tal forma que respeta los límites personales de los otros. Asimismo las personas asertivas están dispuestas a defenderse frente a incursiones agresivas. La asertividad permite actuar, pensar y decir lo que uno cree que es lo más apropiado para sí mismo, defendiendo sus derechos, intereses o necesidades sin agredir a nadie, ni permitir ser agredido. Esto se efectúa sin ansiedad. La asertividad no es sinónimo de egoísmo ni de terquedad, sino el derecho a expresar la opinión de uno, aunque sea posible que no se tenga razón, y respetando los derechos o puntos de vista de los demás. La asertividad es una actitud inmediata o neutra entre una actitud pasiva o inhibida y otra actitud agresiva frente a otras personas, que además de reflejarse en el lenguaje hablado se manifiesta en el lenguaje no verbal, como en la postura corporal, en los ademanes o gestos del cuerpo, en la expresión facial, y en la voz. Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta los errores, propone soluciones factibles sin ira, se encuentra segura de sí misma y frena pacíficamente a las personas que les ataca verbalmente. La asertivadad impide que seamos manipulados por los demás en cualquier aspecto y es un factor decisivo en la conservación y el aumento de nuestra autoestima, además de valorar y respetar a los demás recíprocamente. Hay situaciones en la vida en las que no se puede ser asertivo como por ejemplo cuando se recibe órdenes de un superior o cuando se es atacado con peligro de muerte. La asertividad es una de las habilidades sociales que puede ser ser enseñada por psicoterapeutas y expertos en desarrollo personal, y también es el tema central de muchos libros de autoayuda. Está enlazada con la autoestima y considerada como una importante habilidad social de comunicación. Existen técnicas o conductas asertivas y esto se refiere al conjunto de formas de aplicar las mismas, ya que hay muchas formas de aplicarlas y para cada interlocutor una puede tener un mejor resultado que otra. Conducta asertiva disco rayado: consiste en la repetición ecuánime de una frase que exprese claramente lo que deseamos de la otra persona. Esta conducta asertiva nos permite insistir en nuestros legítimos deseos sin caer en trampas verbales. Asertividad positiva: consiste en expresar auténtico afecto y aprecio por otras personas. Supone que uno se mantiene atento a lo bueno y valioso que hay en los demás. Aserción negativa: es la expresión de acordancia con la crítica sin amainar en las propias reivindicaciones. Asertividad empática: permite entender, comprender y actuar basado en las necesidades del interlocutor, de igual manera permite que seamos entendidos y comprendidos. Asertividad progresiva: si el otro no responde satisfactoriamente a la asertividad empática y continúa violando nuestros derechos, uno insiste con mayor firmeza y agresividad. Asertividad confrontativa: el comportamiento asertivo confrontativo resulta útil cuando percibimos una aparente contradicción entre las palabras y los hechos de nuestro interlocutor. Entonces de describe lo que el otro dijo que haría y lo que realmente hizo; luego se expresa claramente lo que uno desea. Con serenidad en la voz y en las palabras, sin tono de acusación o de condena, hay que limitarse a indagar, a preguntar, y luego expresarse directamente un deseo legítimo.
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